miércoles, 30 de noviembre de 2016

Monstruo

«Toi, monstre aux mille formes cruelles»
Gris
¡Oh, monstruo de las mil crueles formas!
¿Cuál de todas tomarás ahora?

¿Serás torrente descontrolado,
maremotos imparables?
¿Serás inmenso iceberg, hundido
entre todas esas corrientes?
¿Serás páramo desierto y marchito,
el vergel de la ceniza,
o sombría, deletérea araña
que emponzoñe mi percepción?

¿Serás Luna?
¿Serás cadáver?
¿Serás sangre u hormiguero?
¿Serás voces?
¿Serás gusanos?
¿Serás grieta? ¿…O incertidumbre…?

¿Serás la única lluvia constante
en mi eterno devenir?
¿Serás esperanza neblinosa,
promesa de conocer,
optimismo inestable, indefenso,
que rápido se marchite,
tan estéril, lánguida semilla
del viejo manzano del sol?

Serás duda.

¡Qué lejos queda ya el mediodía,
en esta, mi tarde eterna,
y entre los recovecos del ocaso,
qué cerca se ven las tinieblas
y este ser, que viene al acecho,
y oculto está en todas ellas!

Así pues, ¡dime,
oh, monstruo de las mil crueles formas!
¿Cuál de todas tomarás ahora?

Sinapsis

    “Life, Sex and Death”
Cult of Fire

Las hormigas piden un minuto de silencio:
hoy es fiesta en el hormiguero.

El rocío forma arcoíris
en la tela de la araña, hoy
suavemente mecida
por una brisa crepuscular.

La luz del alba roza
su pecho extasiado y dibuja
raíces con cada respiración,
doradas raíces de fortuna.

¿Y los gusanos?
Ah, los gusanos… ahí están, ¿no los ven?
Acurrucados sobre el cuerpo que respira,
Volaron lejos de su crisálida.

Un último suspiro rompe el silencio
ahogado de los jadeos y retumba
en la quietud de mi corazón,
eterna quietud momentánea.

Y fluyen los cálidos ríos,
con la entrada de esa última nota,
se vierten, ya libres, ya lejos, dando fin a la obra
en una última cadencia,
resuelta ya toda tensión.

No hay palabra más sincera
que la que ha sido suspirada
en este revoltijo de sábanas y carne,
apenas esbozada en el latido frenético,
en la demencia dionisiaca donde
alcanzamos plena comprensión:
en ese instante momentáneo,
resumen de una eternidad. Pues lo inefable
no puede más que ser suspirado.
La música está hecha para ser escuchada,
y las palabras son adornos necesarios
de ese apenas gesto
                                 trascendental.

Y en esta paz, en esta alcoba
de ensueño, ajena a toda
realidad, resurgen de las cenizas,
apenas rompiendo el cascarón, y ya libres,
los pájaros incandescentes, que iluminan
las sombras de la noche: el rocío irisado
del alba crepuscular.

C’est dangereux de se pencher dedans

Una meditación

Estoy sentado en una incómoda
silla de cáñamo a la sombra
de un manzano, intentando
observar la línea
del horizonte.

Mucho tiempo pasé mirando hacia el suelo,
perdiendo mi vista en la tierra,
en los prados, los ríos,
en todo aquello que cambia,
que deviene o que florece. Luego ya me di cuenta

del vasto cielo sobre mis hombros,
y, sin levantarme, alcé la vista a las nubes;
traté de leer las estrellas, de observar
el polvo ir, volátil,
arrastrado por los aires cambiantes, efímero; el sol,
mi obsesión exaltada, 
endemoniada fogata divina, fantasmal resplandor,
promesa cegadora, artífice
de sombras, y casi
quedo ciego. Cuando ya me dolieron

los ojos, entonces
decidí dirigir mi mirada
al horizonte, aún sentado en mi silla,
y aquí estoy desde entonces.
En el horizonte se junta todo;
todo converge en el horizonte.
Es el horizonte un hilo fabuloso
del que tirar para, si acaso,
descoser la tiniebla velada.
O eso es lo que una y otra vez repito,
como mantra letánico sin separar
mi cuerpo del cáñamo de la silla.

Entonces aparece:
un barbero irrumpe
como un rayo y corta
mis ojos. Y sangro
hacia el interior de mi cuerpo.

La racionada racionalidad se desborda
en mil ríos que devienen
en subrealidad. Y me ahogo
temiendo respirar
en la nada.

Mis ojos cortados se llenan de nada.
Mi cuerpo se pierde y transfórmase en nada.
Nada es lo que pienso,
y acaso siento nada.
Me muevo en la nada.
Buceo en la nada.
Absorto me quedo absorbido por nada.
Y entonces comprendo
¿Qué comprendo? Pues nada.
Nada hay ya que comprender.
Nada hay, nada
de nada, más que… algo ocurre.
Nada me molesta de pronto,
y esta molestia que siento me saca
de mi sueño letárgico,
leteico… me asciende
a través de capas y capas de olvido, y empiezo
a emerger y diferenciarme,
a ser un ente corpóreo,
a asemejarme a algo estático,
o acaso a mí me lo parece.

Con un impulso, me levanto de la silla
y paseo por las praderas sintiendo
el aire, la hierba, el calor,
la luz, el arroyo, la tierra y la sangre
fluyendo incansable por todo mi cuerpo.

Mis ojos están surcados de cicatrices,
pero, sin embargo, veo todo más claro,
e intuyo que en algún lejano surco
de mi cerebro algo extraño ocurrió.

Es apenas una sensación no acostumbrada,
apenas una especie de… vacío en potencia
de ser un recuerdo
más claro, mejor, más que olvido,
aunque olvido parezca.

Cuanto más lo siento, más lo intuyo,
y cuanto más lo pienso, más creo olvidarlo.
De una forma u otra, no desaparece,
permanece ahí grabado, y es tan agradable...
Es una especie de no saber, de no-sé-qué-pero-lo-intuyo,
una especie de vacío presencial,
o tal vez sólo nostalgia
de algo indeterminado, incierto,
pero real, nostalgia de… nada.

Nada más allá.
Tal vez no sea nada.
O puede que sí.