“Life, Sex and Death”
Cult of
Fire
Las
hormigas piden un minuto de silencio:
hoy
es fiesta en el hormiguero.
El
rocío forma arcoíris
en
la tela de la araña, hoy
suavemente
mecida
por
una brisa crepuscular.
La
luz del alba roza
su
pecho extasiado y dibuja
raíces
con cada respiración,
doradas
raíces de fortuna.
¿Y
los gusanos?
Ah,
los gusanos… ahí están, ¿no los ven?
Acurrucados
sobre el cuerpo que respira,
Volaron
lejos de su crisálida.
Un
último suspiro rompe el silencio
ahogado
de los jadeos y retumba
en
la quietud de mi corazón,
eterna
quietud momentánea.
Y
fluyen los cálidos ríos,
con
la entrada de esa última nota,
se
vierten, ya libres, ya lejos, dando fin a la obra
en
una última cadencia,
resuelta
ya toda tensión.
No
hay palabra más sincera
que
la que ha sido suspirada
en
este revoltijo de sábanas y carne,
apenas
esbozada en el latido frenético,
en
la demencia dionisiaca donde
alcanzamos
plena comprensión:
en
ese instante momentáneo,
resumen
de una eternidad. Pues lo inefable
no
puede más que ser suspirado.
La
música está hecha para ser escuchada,
y
las palabras son adornos necesarios
de
ese apenas gesto
trascendental.
Y
en esta paz, en esta alcoba
de
ensueño, ajena a toda
realidad,
resurgen de las cenizas,
apenas
rompiendo el cascarón, y ya libres,
los
pájaros incandescentes, que iluminan
las
sombras de la noche: el rocío irisado
del
alba crepuscular.
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